Observar en casa cambios persistentes en la salud o el comportamiento de niñas y niños puede ayudar a lograr un diagnóstico oportuno.
Uno de los mitos aún vigentes sobre el cáncer es que es una enfermedad que sólo se da a las personas adultas, sin embargo de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, al año alrededor de 400 mil niñas, niños y adolescentes de entre 0 y 19 años desarrollan algún tipo de cáncer.
Por su parte, en México se diagnostican aproximadamente 5 mil nuevos casos de cáncer infantil cada año y cerca de 2 mil pierden la vida (Secretaría de Salud).
Otro mito es pensar que tener cáncer es una sentencia de muerte, pero en los países de ingresos altos, donde existe mayor acceso al diagnóstico y a una atención integral, más del 80% de las niñas y niños con cáncer logran curarse (OMS).
Uno de los principales retos para lograr la supervivencia de las infancias en México, es el diagnóstico oportuno y aunque éste siempre debe realizarlo personal médico, muchas de las primeras señales pueden identificarse en casa, a partir de cambios en la salud y el comportamiento de los infantes.
¿Cuáles son los síntomas de cáncer infantil que se pueden detectar en casa?
Algunos síntomas asociados al cáncer pueden confundirse con infecciones respiratorias, problemas gastrointestinales o molestias propias del desarrollo. Sin embargo, si persisten, se repiten con frecuencia o aparecen sin una causa clara, es importante acudir a una valoración médica.
El Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia (CeNSIA) identifica entre las principales señales de alerta:
- Fiebre persistente o recurrente sin una causa aparente.
- Sudoración nocturna excesiva.
- Cansancio constante o falta de energía.
- Palidez.
- Puntos rojos o moretones en la piel sin explicación.
- Sangrado frecuente de nariz o encías.
- Dolor persistente de huesos o articulaciones.
- Bolitas o masas en cuello, axilas, entrepierna u otras partes del cuerpo.
- Crecimiento o inflamación anormal del abdomen.
- Dolores de cabeza fuertes y persistentes.
- Vómitos frecuentes sin una causa clara.
- Cambios repentinos en la visión.
- Una pupila que se observa blanca o alteraciones en la posición de los ojos.
- Cambios de conducta, equilibrio o alteraciones neurológicas sin una explicación aparente.
Detectar en casa no significa diagnosticar
Madres, padres y personas cuidadoras conocen bien las rutinas de las niñas y niños: cómo juegan, cuánto comen y qué nivel de energía tienen de manera habitual. Por ello, pueden ser las primeras personas en percibir que algo cambió.
Así ocurrió con Ángel. A los tres años, su mamá comenzó a notar que dejó de ser un niño alegre y activo para mostrarse cansado, triste y con infecciones recurrentes que no mejoraban con antibióticos. Ante la recurrencia de los síntomas, buscó nuevas valoraciones hasta llegar a un hospital de alta especialidad, donde finalmente recibió el diagnóstico de cáncer.
Ángel necesitó un trasplante de médula ósea y con el apoyo de la organización civil Aquí Nadie Se Rinde, pudo acceder al tratamiento. Hoy tiene ocho años, se encuentra estable y libre de cáncer.
El cáncer infantil no siempre se puede prevenir, pero reconocer sus señales puede ayudar a reducir el tiempo entre la aparición de los primeros síntomas y la atención médica.